viernes, 7 de mayo de 2010

COMPARTIENDO LA PAREJA.

La mayoría de las personas se casan o unen en una relación exclusiva, de la que queda proscrita la idea de que cualquiera de los dos mantenga relaciones sexuales y/o amorosas con un tercero (a). Sin embargo, la realidad desmiente estos sueños e ideales de posesión exclusiva, pues como es sabido por los estudios estadísticos, la infidelidad ocurre en más del cincuenta por ciento de la población y ésta ya no es privativa del género masculino: las mujeres están aumentando su participación. Compartir a la pareja, es una idea que casi todo mundo rechaza, pero que muchos viven como una realidad, aunque la niegan o evaden para no enfrentarse al hecho de la separación.
Algunas personas gustan de compartir a su pareja con otras personas de manera consciente y hasta premeditada. En estos casos no se puede hablar de infidelidad, pues si ambos lo han acordado, cualquiera de ellos puede tener relaciones sexuales con otra persona, como sucede con los que practican el intercambio de parejas o swingers. En estas situaciones, compartir a la pareja resulta excitante y en algunas circunstancias es una manera de abatir el aburrimiento, en otros casos, la pareja se fortalece con la experiencia y en otros se extingue en la aventura.
Pero existen millones de personas que se ven obligadas a compartir a su pareja en contra de su voluntad consciente. En estos casos quien se mantiene fiel a la relación es quien sufre por la conducta del otro (a), que busca en otra cama lo que no encuentra en su casa. Es el caso de la señora que sabe que su esposo tiene otra pareja y no se atreve a reclamarle por el miedo a que éste la rechace y decida irse a vivir de planta con la otra. La famosa frase de que “no me importa con quien ande siempre y cuando no me deje” o la otra “mientras yo sea la catedral que tenga las capillas que quiera”. En ambos casos hay una aceptación tácita de que el otro es compartido con extrañas, o a veces conocidas. Por cuestiones culturales y de imposición masculina, es más común que sean las mujeres las que acepten tacita o calladamente el compartir a su hombre. En cambio éstos se revuelcan contra la idea; aunque también están los que por miedo a ser reclamados en su insuficiencia masculina o a ser abandonados, se hacen de la vista gorda y permiten que su mujer tenga amoríos con terceros. Es el famoso cornudo feliz.
Pero también está el caso inverso. El hombre que tienen amoríos con una mujer casada, la tiene que compartir con el marido, pues quiera que no, al seguir siendo la esposa está expuesta a tener relaciones sexuales con él, aunque este enamorada del amante. Las mujeres que salen con casados, también se ven en la situación de que éstos tienen que llegar a su casa y cumplir sexualmente con su mujer, aunque sea esporádicamente. Pero la compartición no solo es sexual, sino también emocional. Quien tiene un amorío extra conyugal comparte a ambas mujeres y si la mujer con la que engaña a su esposa es casada, pues entonces la comparte con el marido, de tal manera que los tres o los cuatro se comparten entre sí. En el caso del hombre casado, que sale con otra mujer casada, éste comparte a la amante y a su vez él se comparte entre su mujer y al amante y si se da el caso de que el esposo de la amante, a su vez salga con otra mujer, la compartición de parejas es múltiple.
El deseo de posesión exclusiva de la pareja está fundado en los resabios de la infancia, cuando se tenía a la madre para uno solo y el narcisismo primario impedía compartirla con nadie más. Agregado a esto están las normas culturales que imponen la idea de la monogamia para preservar la transmisión de los bienes y para asegurar la paternidad de los hijos. Sin embargo, debido a que tanto como hombres como mujeres se guían por sus afectos y apetitos sexuales, cuando la relación conyugal no es todo lo satisfactorio que se desea, surge la opción del affaire con un tercero, con la ilusión de encontrar algo de consuelo y satisfacción en dicha relación, aunque también se tenga que compartir al otro (a). Algunas personas solo pueden continuar la relación formal insatisfactoria, cuando tienen un amante a la mano, pues sin ese desahogo, sienten que explotan por al agobio conyugal, el cual no se atreven a romper, argumentando mil razones: los hijos, las propiedades, la economía, el afecto a la pareja, aunque se le engañe, etcétera.
Así pues, son muchas más las personas que terminan compartiendo a su pareja, que aquellas que realmente se entregan en cuerpo, alma y corazón en una relación exclusiva. Una de las maneras de poder asegurar la fidelidad conyugal consiste en mantener viva la llama del amor, de la pasión sexual y del compromiso como pareja. Para lo cual es menester establecer una buena comunicación en todos los aspectos: emocional, sexual, económico, amoroso, personal y contar con disposición para quererse a pesar de las diferencias. Las parejas se unen porque desean tener sexo entre si y se separan o se distancian porque el sexo deja de ser tan placentero como lo anhelaban. Por ello es de vital importancia mantenerse muy activo y creativo en las relaciones sexuales y estar pendientes de que la pareja quede gratamente satisfecha. Cuando se sospecha de que algo anda mal, se debe dialogar y aclarar la situación. Si la pareja no lo puede hacer por sí misma, es el momento de buscar ayuda profesional, que permita continuar con la vida de la pareja, habiendo aprendido de la experiencia y resuelto los mal entendidos y los rencores destructivos.

DIFERENCIAS DE EDAD EN LA PAREJA.

Por tradición ancestral en casi todas las culturas y épocas, el hombre suele ser mayor que la mujer a la hora de escoger pareja. Esto se debe a que el varón era el principal proveedor económico y material del hogar. Un hombre de menor edad que su mujer, difícilmente podría proveerla de sus necesidades materiales. Hoy en día, con el acceso de las mujeres al trabajo bien remunerado, algunas parejas han invertido las edades, siendo ellos menores que ellas, con lo cual se ganan algunas críticas de su alrededor. Sin embargo, por cuestiones biológicas, lo ideal sería que el hombre fuera más joven que la mujer, para que éste le rindiera mejores y mayores satisfacciones sexuales.
Por cuestiones culturales de privilegio a los varones, muchas mujeres han escogido a hombres que en ocasiones les doblan la edad, lo cual, a pesar del amor que les hayan profesado, las deja en una situación de desventaja sexual, pues un hombre de cuarenta años que se casa con una chica de veinte, la podrá complacer los primeros diez años de vida conyugal, pero cuando ella tenga treinta, él tendrá cincuenta y comenzará a reflejarse el efecto del tiempo en la calidad de sus erecciones y en la frecuencia de las relaciones sexuales. En cambio, las mujeres tienden a tener su mejor época en la década de los treintas. El atractivo sexual que ejercen algunos hombres que peinan canas sobre las chicas jóvenes, tiene que ver con los resabios de su complejo de Edipo, que las lleva a buscar una relación de protección paternal. A estas chicas les agrada estar con un hombre mucho mayor porque fantasean, a nivel inconsciente, que están con su padre. Además de esto, creen que le han ganado la partida a su madre, las mujeres de la edad de él, pues al ser elegidas por un cuarentón o cincuentón, sienten que han dejado atrás a la mujer que tiene una edad similar a la de su madre. Otro aspecto que atrae a estas chicas, que prefieren hombres mucho mayores que ellas, es el sentir que serán protegidas por alguien a quien ven seguro de sí mismo, exitoso, maduro, con bienes materiales y un trabajo e ingreso estables, tal como veían a su propio padre cuando ellas eran niñas.
A los hombres maduros les atraen las chicas jóvenes porque eso les levanta la auto estima, porque las ven más lozanas y libidinales que a las de su misma edad. Muchos hombres de edad prefieren a las jovencitas porque creen que al andar con ellas se rejuvenecen. Al llegar a los cincuenta años de edad, algunos hombres se sienten viejos o temen llegar a serlo y el tener una pareja femenina mucho más joven contrarresta sus temores. Narcisistamente sienten que son más poderosos y potentes en su sexualidad, aunque en muchos casos ellas estén en la relación por otras razones y no necesariamente por lo que ellos creen.
Cuando los hombres son mucho más jóvenes que ellas, los problemas surgen cuando las mujeres comienzan a dar muestras de envejecimiento o cuando ellas esperan que ellos maduren y se comporten de manera más adulta y menos infantil y dependiente, como lo han hecho anteriormente. Los hombres jóvenes que eligen a mujeres mucho mayores que ellas, están buscando una relación como la que tuvieron con su madre en la infancia. Es una manera de actualizar su Edipo con una mujer que representa a su progenitora pero sin las angustias incestuosas, aunque en la relación ella se comporte como si lo fuera. A veces son protectoras y proveedoras de las necesidades de ellos, a cambio de sentirse amadas y deseadas. Si la relación es buena, ellas suelen ser beneficiadas con la potencia sexual de ellos, pero si éstos son infantiles y dependientes, esperaran que ellas los complazcan sin interesarse por sus necesidades, por lo que serán eyaculadores rápidos y no se preocuparan por complacerlas. Como ellas se sienten bien por el hecho de haber sido elegidas por un hombre mucho más joven, no les importa tanto el placer sexual, sino la simple compañía y el poder gratificar a su hombre-bebé con cosas materiales.
Para evitar conflictos mayores y problemas derivados de la brecha generacional, es recomendable que las diferencias de edad no sean mayores de cinco años, para arriba o para abajo. Cuando hay diez o más años de diferencia, se presentan dificultades para la convivencia cultural y social, que contribuyen a incrementar los problemas cotidianos que genera la vida en pareja por sí misma. Sin embargo, como la relación de pareja implica muchos más factores que la simple edad, también hay casos en los que el abismo cronológico no es un impedimento para que ambos disfruten de su compañía, pues las ganancias secundarias que ambos obtienen, mitigan las pérdidas primarias. Ejemplo de esto es el caso de la pareja en donde él es veinte años mayor y se comporta de manera paternal con ella, quien a su vez perdió a su padre cuando era muy pequeña. Ahora ella lo mima, lo cuida y lo admira porque lo ve como le hubiera gustado ver a su padre. A su vez, a él le gusta sentirse admirado y le encanta cuidarla y protegerla, se comporta con ella como si fuera un padre protector y la trata como “a su niña”. Una relación así de complementaria puede durar toda la vida, solo que no podrán compartir muchas otras cosas. Aunque tal vez no les interese eso, pues se satisfacen con lo que se dan mutuamente.
Una pareja en la que ella sea veinte años mayor que él suele presentar mayores problemas que cuando él es el mayor, pues la sociedad no lo acepta con la misma facilidad. Aunque muchas personas, sobre todo cuando están enamoradas no le dan importancia a la diferencia de edades, cuando ésta es muy grande, propicia conflictos adicionales, de los cuales hay que estar consciente y preparados para enfrentarlos de manera adecuada. En el enamoramiento la diferencia de edades no cuenta, en la vida real si afecta.

martes, 20 de abril de 2010

MUJERES QUE RECHAZAN EL SEXO.

Guadalajara, Jal. 3 de marzo de 2009.
MUJERES QUE RECHAZAN EL SEXO.
Existen algunas mujeres que sienten un gran rechazo por las relaciones sexuales, el cual es originado por la educación y experiencias sexuales de su infancia y adolescencia; aunque en otros casos se debe a las malas experiencias vividas con su pareja formal. En ciertas épocas de la vida, como es la menopausia, también se rechazan las relaciones sexuales por efecto de la falta de hormonas, sobre todo de la testosterona, pero en estos casos, la mujer si tuvo deseos sexuales previamente y con el tratamiento adecuado suele desaparecer la negativa al sexo. En las situaciones en las que la mujer ha manifestado rechazo al sexo, a pesar de haber tenido hijos y estar casada, su historia infantil es determinante para comprender las razones de su oposición.
En muchos ambientes sociales a la mujer se le enseña que el sexo es algo malo, que solo lo pueden experimentar para tener hijos pero no para disfrutar del mismo, se les hace creer que los hombres solo las buscarán para tener sexo, pero que ellas no deben acceder al placer, so pena de convertirse en prostitutas. Estas actitudes familiares provocan que tengan que reprimir sus deseos normales y naturales y vivan a la sexualidad como algo que se tiene que evitar y que cuando se ven obligadas a complacer a su marido no deben dar muestras de ningún tipo de disfrute. Por lo general las madres de estas mujeres fueron personas que no pudieron disfrutar de su sexualidad, porque les transmitieron un mensaje similar o porque sus parejas masculinas solo las utilizaron como recipientes de semen, sin miramiento y sin interés por complacerlas en su sexualidad. Las mujeres que rechazan el sexo no pudieron ver muestras de afecto amoroso entre sus padres, a su madre siempre la vieron triste o enojada y a su padre distante y poco amorosa con su madre y con ellas mismas.
En el supuesto caso de haber experimentado juegos sexuales infantiles y autoerotismo, fueron duramente reprimidas y se les hizo creer que habían pecado con su cuerpo, debiendo ofrecerlo en sacrificio para ser dignas de ser amadas, pero sin ningún tipo de placer. Por lo general no recibieron información adecuada sobre su cuerpo, sus sensaciones y deseos sexuales, mucho menos sobre la sexualidad masculina, de tal manera que llegan a la adolescencia y a la adultez en la ignorancia y el miedo sexuales. Se llegan a casar porque así toca socialmente, pero reprimiendo todo interés por la sexualidad, de tal manera que no sienten ningún placer en la relación con su marido. Esto provoca que en muchos matrimonios, el hombre se sienta rechazado y salga a buscar otro tipo de mujeres que no se muestren reacias al sexo, con los consecuentes problemas de celos e infidelidades. Sin embargo, algunas de estas mujeres llegan a decirles a sus maridos que las dejen en paz y que se busquen otras mujeres para el sexo, sin por ello dejarlos. Ellas valoran el matrimonio y a los hijos, pero no les gusta ser asediadas sexualmente por sus esposos, ya que no disfrutan en lo más mínimo de las relaciones. En algunos casos de rechazo al sexo, existió abuso sexual en la infancia, lo cual marca negativamente a la persona y si no pudo elaborar adecuadamente la mala experiencia, ésta le impedirá disfrutar de sus experiencias sexuales.
Existe otro tipo de mujeres que rechazan el sexo, pero no por malas experiencias en su infancia, sino porque su esposo no supo hacerlas disfrutar de la experiencia desde la luna de miel, ya que no tomo en cuenta sus necesidades sexuales y amorosas, utilizándolas solamente como objetos en donde depositar su pene y su semen. En estos casos, las mujeres no sienten ningún deseo, pues las experiencias son malas y frustrantes y con el paso del tiempo prefieren anular sus deseos, pues las constantes frustraciones las decepcionan. Rechazan al sexo porque no les satisface la manera en que su partenaire las trata, como sucede con las parejas de eyaculadores precoces, que cansadas de tener esos contactos fugaces y sin disfrute, prefieren darse la vuelta y dormirse, rechazando esas manifestaciones truncas, que solo les genera malos ratos y tragos amargos.
Pero no toda la culpa es de los hombres, existen parejas en las que ellos son amables, amorosos y preocupados por el bienestar de ellas, pero no pueden luchar contra la historia de represiones, prejuicios, inhibiciones y experiencias negativas que su mujer vivió en su infancia y adolescencia, razón por la que se hace necesaria una terapia de pareja que les ayude a modificar sus patrones de conducta sexual y que ellas aprendan a experimentar la sexualidad de manera placentera, sin miedos, sin inhibiciones y sin culpas. En muchos casos, los hombres de estas mujeres se desahogan en otras relaciones, pero mantienen el vínculo afectivo con su esposa, por los hijos, la costumbre, las conveniencias económicas y sociales y en ocasiones porque las siguen queriendo a pesar de que los rechazan en la cama.
Por lo general las mujeres que rechazan el sexo viven amargadas, frustradas, enojadas, deprimidas y son exigentes con la limpieza, el orden y el control. Algunas suelen ser muy trabajadoras y eficientes en lo que realizan, pero la represión de su sexualidad les dificulta disfrutar de las demás cosas de la vida. Cuando estas mujeres se deciden a buscar ayuda profesional y dejan de rechazar el sexo, descubren que han estado viviendo en el error, logrando romper con esas inhibiciones, represiones, prejuicios y aprenden a disfrutar de su sexualidad en beneficio de su vida personal y conyugal.

LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LOS HIJOS.

Guadalajara, Jal. 24 de febrero de 2009.
LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LOS HIJOS.
Algunas de las grandes preguntas que se plantean la mayoría de los padres es ¿cómo y a qué edad hablar con los hijos de la sexualidad? ¿Se les debe contestar a todo los qué preguntan?, ¿lo deben hacer ambos padres o a la niña la mamá y al varón el padre?, ¿se les debe decir la verdad o hay que matizarla? Las respuestas a estas preguntas es que se les debe hablar con claridad, a la edad en que preguntan, que es desde muy pequeños, de preferencia deben estar presentes ambos padres y no se les debe ocultar nada, pero la información debe dárselas de manera que sea comprensible para ellos. La información sexual se consigue en la escuela, en la calle y en los medos de comunicación, pero la mejor educación sexual se obtiene en casa con el ejemplo paterno.
Los pequeños comienzan a preguntar sobre la sexualidad desde temprana edad. Cuando quieren saber ¿en dónde estaban antes de nacer, si estaban en el vientre de mamá, cómo salieron y cómo entraron? ¿Por qué son diferentes los niños de las niñas en la zona genital? ¿Es posible que un niño se transforme en niña y viceversa? Son algunas de las preguntas que tienen que ver con la curiosidad sexual infantil. Las respuestas a estas preguntas deben ser claras y con una actitud natural, como cuando se les responde a las inquietudes de ¿por qué hay sol y hay luna? Claro que se les debe decir que ellos estuvieron en el vientre de su madre y que al crecer tuvieron que salir al mundo por vía vaginal, que fueron hechos con amor entre papá y mamá y que el padre puso su semillita dentro del cuerpo de la madre, juntándola con el ovulo de ésta. Las explicaciones no deben ser muy complejas, se debe responder una pregunta por vez para no confundirlos y al hablar de la semillita del papá no se debe hablar de los millones de espermatozoides que arroja el hombre en una eyaculación, ni del proceso de la ovulación materna, esas explicaciones se dejan para cuando el niño y la niña ya están en la preadolescencia y su mente es capaz de comprender todo el proceso de la concepción. Para explicar las diferencias sexuales, solo basta decirle que así es el mundo: hay hombre y mujeres, papás y mamás, niños y niñas y que unos tienen pene y las otras vulva y vagina. Que no es posible que un varón se transforme en niña ni ésta en niño. Si se les explica todo esto en un clima de confianza y armonía, sin asustarse con el tema, los niños reaccionaran con naturalidad y se irán animando a hacer más preguntas, conforme crezca su curiosidad por saber más de sí mismos, esto facilitará su interés en el aprendizaje escolar.
Es recomendable que ambos padres estén presentes para explicar estas dudas, pero si el niño las hace a uno solo de ellos, éste (a) debe responderlas y posteriormente dialogar con el otro (a) para retomar la pregunta del hijo (a) y abundar en las respuestas, de tal manera que los hijos sientan que pueden hacer este tipo de preguntas a cualquiera de los dos. Un padre debe estar preparado y no apenarse para explicarse a su niña porqué los varones tienen pene, lo mismo que la mamá deberá saber decirle a su hijo porqué las mujeres tienen vulva y senos. Los padres no deben avergonzarse al hablar con sus hijas sobre el proceso de la menstruación cuando llega el momento de hacerlo, lo cual debe ocurrir antes de la primera menarca de la hija, explicándoles que es un hecho normal y natural de la feminidad. No se les debe infundir miedo, ni hacer creer que será algo doloroso ni vergonzoso. A los chicos se les debe decir, previo a la pubertad, que tendrán poluciones nocturnas de las cuales no deben angustiarse, que es un proceso normal y que indica que están madurando, dejando de ser niños para transformarse en adolescentes.
También es importante hablar con los niños sobre la masturbación y hacerles sentir que es un proceso natural, que es normal que sientan placer al tocarse sus genitales, pero que es algo que deben hacer en privado y con higiene. Si se les llega a ver masturbándose, no deben regañarlos ni espantarlos, se deben hacer de la vista gorda y después abordar el tema en un ambiente de respeto y de clarificación, para que los hijos no se sientan culpables por su auto erotismo. Tampoco deben poner el grito en el cielo cuando los descubran en juegos sexuales infantiles, con los amiguitos, primos o entre hermanos, siempre y cuando sean de la misma edad. En el caso de sospechar de que haya habido algún abuso sexual por parte de alguien mucho mayor que ellos, se debe explorar en qué consistió dicho abuso y no hace sentir culpable al niño o niña que lo haya experimentado, pero si tomar cartas en el asunto para protegerlos del abusador, que por regla general suele ser un familiar cercano y, en muchas ocasiones, alguien de respeto en la familia.
Cuando estén por entrar a la pubertad es momento de aclarar muchas dudas sobre la sexualidad: las relaciones sexuales, el embarazo, los anticonceptivos, el preservativo, las enfermedades de transmisión sexual, el riesgo de los abusos sexuales, aunque desde pequeños es conveniente enseñarlos a cuidar de su cuerpo y a no permitir que nadie se los toque ni que los obliguen a hacer algo bajo amenazas. Es muy recomendable hablar sobre el noviazgo y los deseos sexuales, así como los riesgos de un embarazo no deseado. También se les debe hablar sobre las emociones, el afecto y el amor que se siente por la pareja. Que las relaciones sexuales conllevan un compromiso y una gran responsabilidad, por lo que se requiere de madurez para tenerlas sin riesgos innecesarios.
Si los padres no se sienten preparados para responder las preguntas sexuales de sus hijos, deben investigar en la literatura o consultar con un profesional de la salud sexual para que los oriente y calme sus ansiedades.

LA INFIDELIDAD: ¿ES INEVITABLE?

Guadalajara, Jal. 29 de enero de 2009.
LA INFIDELIDAD: ¿ES INEVITABLE?
Distintas encuestas hablan de que los porcentajes de la infidelidad, tanto masculina como femenina, rondan o superan el 50%, lo cual quiere decir que una de cada dos personas son o han sido infieles alguna vez en su vida. La infidelidad se entiende como la ruptura del pacto establecido, tácitamente, entre dos personas de que no establecerán relaciones ni amorosas, afectuosas ni sexuales con otra persona. Cuando cualquiera de los dos establece una relación de este tipo sin el conocimiento y el consentimiento de la pareja, existe infidelidad.
La infidelidad suele romper matrimonios y corazones porque resulta traumático para quien sufre de la misma, enterarse de que ya no es la persona más importante para el otro (a). Darse cuenta de que el ser amado no corresponde por igual y que ha decidido establecer relaciones sexuales con un tercero (a) es muy doloroso para la mayoría de las personas, quienes llevadas por la desesperación se deprimen o piden el divorcio al infiel. En un alto porcentaje de casos de infidelidad, las causas son muy variadas y por lo general no existe un solo elemento. Tanto el infiel como la persona engañada, son coautores de la situación, aunque en la mayoría de las situaciones, la persona engañada no atina a reconocer cuál fue su participación en el proceso que gesto la infidelidad. Este proceso inicia con sentimientos de insatisfacción por parte del infiel, que puede o no haber manifestado a su pareja. El hecho es que el infiel ha venido arrastrando frustraciones en la relación que pueden ser de distinta índole, pero siempre afectando el vínculo que lo liga con la pareja engañada.
Cuando se da la infidelidad sexual y amorosa, el problema se ha salido de control y el infiel ha decidió invertir parte de su libido en otra relación, en mayor demerito de la que tenia con su pareja engañada. Por regla general, el infiel se justifica argumentando soledad, incomprensión, agresión, insatisfacción sexual, carencia de valor propio dentro de la relación formal, falta de reconocimiento, etcétera. La persona engañada, cree que es víctima de la mala leche del infiel, sin atinar a comprender que puso su parte en el proceso de la infidelidad. Cuando cualquiera de los dos decide establecer relaciones sexuales con otra persona, está poniendo en riesgo la continuidad de su relación formal y en algunos casos lo hace para romper con ella. Incluso algunos infieles dejan pistas para ser descubiertos y de esta manera ser reclamados y corridos de la relación por la persona engañada. Así se pueden desprender de la relación sin mayores problemas. Otros buscan una relación extraconyugal, porque no son capaces de enfrentar el fracaso matrimonial sin antes tener una nueva relación. La infidelidad se produce como una forma de salir de un matrimonio insatisfactorio. Muchos infieles llegan a sentirse culpables pues la sociedad no acepta estas conductas, además de que ver sufrir a la persona que antes se amo, o peor aún, que se sigue amando, es también dolorosa para el infiel, quien llega a buscar ser castigado por su deslealtad.
Cuando la infidelidad es solamente sexual y el infiel no se involucra afectivamente con la otra persona, el conflicto conyugal se puede resolver relativamente más fácil. De hecho muchas mujeres suelen perdonar una infidelidad sexual, con menor resentimiento, si están seguras de que su pareja no se enamoro de la otra mujer. A los hombres les resulta más difícil perdonar la infidelidad de su mujer, pues la cultura los ha educado para permitirse ser infieles pero no ser cornudos. Con el cambio de conductas sexuales, originado por el acceso de las mujeres al trabajo remunerado, cada vez hay más féminas que le dan salida a sus frustraciones conyugales, siendo infieles. Mantienen la relación conyugal por conveniencias sociales, por los hijos o por la economía, pero establecen relaciones extraconyugales que les resultan sexualmente más satisfactorias.
A las mujeres les resulta más fácil ser infieles que los hombres. Ellas saben ocultar mejor cuando tienen un amorío, los hombres son más obvios y más fácilmente se delatan. Las mujeres pueden haber estado con el amante y aceptar tener relaciones sexuales con el marido y éste no se da cuenta, en cambio si ellos han tenido placer sexual con la amante, difícilmente podrán tener sexo con su mujer: porque no la desean y/o porque no pueden tener varios coitos en el corto plazo. En cambio las féminas son más hábiles para ocultar sus sentimientos cuando se han decidido a ser infieles. Sin embargo, muchas mujeres se involucran afectivamente con el nuevo amante, en cambio los varones lo hacen principalmente por el sexo, el afecto surge después. Por otra parte, ellos reflejan más fácilmente cuando están involucrados en otra relación, pues cambian sus hábitos higiénicos, sus rituales, sus horarios y su manera de arreglarse. Se ausentan sin motivo de casa y suelen ser más descuidados en los detalles que delatan su infidelidad, como los olores, los horarios, etcétera.
La infidelidad puede ser evitada cuando se fortalece el vínculo amoroso y sexual mediante el dialogo, la convivencia cercana y afectiva, cuando la pareja aclara los malos entendidos y cuando unen esfuerzos para salir de sus crisis. Cuando se escuchan ambos en sus necesidades sexuales y amorosas y cuando tienen deseos de complacer al otro por el simple placer de complacerlo (a). También se evita cuando ambos deciden que pueden establecer otros vínculos sexuales o amorosos con la anuencia de la pareja. En estos casos no existe la infidelidad pues no hay el engaño que la define.
Cuando se ha dado la infidelidad, es recomendable buscar ayuda profesional para ayudar a la pareja a restaurar la relación después del daño emocional experimentado. En este auxilio se debe buscar las causas que motivaron la infidelidad y ayudar a la pareja a tomar conciencia de las mismas para evitar su repetición en el futuro. Es importante ayudarlos a reconciliarse y a comprender las motivaciones del infiel, el dolor del engañado (a) y la coparticipación de ambos en el proceso. La infidelidad no debería ser causa de la ruptura conyugal, cuando así sucede, es porque la relación ya estaba deteriorada, solo fue la gota que derramo el vaso.

EL SEXO NUESTRO DE CADA DIA.

Guadalajara, Jal. 17 de febrero de 2009.
EL SEXO NUESTRO DE CADA DIA.
La sexualidad humana es mucho más que el simple coito y el deseo de reproducción biológica. La calidad de las relaciones sexuales cambia en cada persona, lugar, época y hasta estación del año, pero lo fundamental sigue siendo lo mismo: el deseo de compartir los cuerpos y tener placer mediante el intercambio sexual y amoroso. Por eso es algo tan cotidiano, como el pan nuestro de cada día.
Algunas personas pueden vivir sin tener relaciones sexuales coitales, pero no es posible vivir sin sexo, entendido éste en su más amplia expresión: el deseo por vivir y trascender con gusto. La sexualidad es algo que al ser humano le permite trascenderse a sí mismo, no solo mediante la reproducción biológica, sino especialmente a través de las experiencias amorosas del intercambio sexual con las otras personas, especialmente cuando se les ama y se les quiere complacer. Nacemos, vivimos y morimos rodeados de la sexualidad. El coito de los padres da origen a los hijos y las fantasías de aquellos influencian sobre las conductas sexuales de éstos, independientemente de su sexo biológico, dando lugar al sexo genérico. Los padres aman a sus hijos en función al sexo de éstos. Ser niño o niña determina en alto grado la aceptación o rechazo paterno y materno con importantes consecuencias para la salud mental y sexual de la persona.
La vida cotidiana está rodeada de sexualidad, el mundo se ve en términos femeninos o masculinos. Se es hombre o se es mujer, hay sillas y sillones, mesas y bancos, zapatos y zapatillas y desde pequeños, los niños aprenden que así es el mundo. Las niñas tienen vulva y los varones pene y testículos a la vista. Las mujeres tienen senos y los hombres barba y bigote, unas usan faldas y vestidos, los otros pantalones y camisas. El sexo está en todas partes y a todas horas, pero ciertos ámbitos culturales, políticos y religiosos pretenden tapar el sol con un dedo y hacer creer a los demás que la sexualidad solo se manifiesta en la alcoba y a oscuras, en demerito de la riqueza emocional y placentera que brinda el ejercicio responsable y maduro de la sexualidad sin mitos, prejuicios ni tabúes.
La sexualidad es algo que antecede al ser humano, pues para que éste exista, se da primero la sexualidad de los padres. Una vez lograda la concepción, las fantasías preconceptivas de los padres influirán sobre la futura vida de la persona. Si el bebé es del sexo biológico que anhelaban los progenitores, éste no tendrá mayores problemas en su proceso de identificación con su rol sexual genérico, pero si el sexo no corresponde a los deseos de los padres o de alguno de ellos y no se acoplan rápidamente para aceptar al bebé con su sexo biológico, sufrirá serias dificultades para tener una adecuada identificación sexual, con el riesgos de sufrir alteraciones en su autoestima y en su salud sexual y mental. La sexualidad es algo que influye y determina las conductas de las personas a lo largo de toda su existencia.
Debido a que la sexualidad humana es muy compleja, ha estado acompañada de mitos y prejuicios perjudiciales para su sano ejercicio a lo largo de la historia. El miedo a lo desconocido ha propiciado que se establezcan reglas de conducta que prohíben hablar de ella, que limitan su práctica sin explicaciones y que provocan serios daños en la salud mental, dando origen a las perversiones y disfunciones sexuales que empobrecen a los individuos en su capacidad de gozar.
Sin la sexualidad, el ser humano no podría trascenderse a sí mismo. Se requiere de ésta para la reproducción biológica, pero también para disfrutar en compañía de la pareja. El sexo nuestro de cada día es algo que las personas experimentan a diario, de una manera u otra todos los seres humanos están influenciados por su sexo y por el de los demás. No se reacciona de la misma manera ante una mujer que ante un hombre. Las féminas son capaces de realizar cosas que los varones no pueden y viceversa, por ello se han asignado ciertos roles laborales y sociales, que con el paso del tiempo han ido pasando a la historia. A pesar de ello, el sexo sigue influyendo en lo que se espera que pueda realizar una mujer o un hombre, de tal manera que logren ser complementarios.
Cuando las personas no pueden desahogar normalmente su sexualidad, se enferman de sexo. Aparecen los abusadores sexuales, los violadores de niños y mujeres, el exhibicionismo, el voyeurismo, las disfunciones sexuales como la eyaculación precoz o la impotencia sexual, la anorgasmia, la frigidez o el coito doloroso, por citar solo algunas de las más comunes. Cuando esto sucede se requiere de orientación profesional y de psicoterapia para ayudar a la persona a rescatar su capacidad libidinal que se he enfermado por tanta represión.
Una sociedad que enferma la sexualidad de sus habitantes mediante la represión, el engaño, el ocultamiento de la información adecuada, de los prejuicios y las amenazas, es una sociedad enferma de amor, que solo procreara individuos frustrados, insatisfechos, enojados y violentos. Es una sociedad en la que la agresión predominará, en demerito de la libido, las manifestaciones amorosas y el ejercicio de una sexualidad responsable, sana y placentera. Las familias y sociedades que comprenden la importancia de informar y de formar a sus habitantes en el sano, responsable y placentero ejercicio de su sexualidad, tienen menos problemas sociales y de salud mental que aquellas que prefieren reprimirlo y/o negarlo. Disfrutar del sexo nuestro de cada día es una necesidad básica y fundamental para un sano, creativo y productivo desarrollo de los individuos.

SEXO APASIONADO.

Guadalajara, Jal. 10 de febrero de 2009.
SEXO APASIONADO.
El sexo apasionado implica un fuerte deseo y excitación por realizar la relación sexual, sea en forma auto erótica o con una pareja. Las personas que son apasionadas en el sexo tienden a ser impetuosas, fogosas, impulsivas y en ocasiones llegan a lastimar a su pareja por la forma tan apasionada con la que realizan sus actos, les urge la descarga. La pasión sexual es un ingrediente que casi siempre está presente al inicio de las relaciones, debido a la novedad de la experiencia y a la idealización que se hace de la otra persona, así como el deseo vehemente de mantener relaciones sexuales con ella. Con el paso de los años, a veces unos meses, la pasión tiende a disminuir y en ocasiones a desaparecer, dejando un gran vacío en la relación de la pareja.
Por lo general la pasión sexual es más fuerte en la juventud y con el paso de los años las personas se van haciendo cada vez menos apasionadas y más mesuradas. Sin embargo, cuando se tiene una nueva relación sexual, suele reaparecer la pasión que ya se consideraba perdida, tal como les sucede a los protagonistas de la película Elsa y Fred en el zenit de sus vidas. La mayoría de las parejas deja que la pasión se vaya apagando pues se inmiscuyen en un sinfín de actividades que les restan fuerza para el desahogo de la pasión, que se queda sin energía. El embarazo antes del matrimonio o durante el primer año de casados, es un enemigo mortal de la pasión sexual, pues los cambios bioquímicos y corporales que experimenta la mujer, influyen en la disminución de la pasión por tener relaciones sexuales. El involucrarse en los arreglos de la casa, los compromisos económicos derivados del matrimonio, los hijos, el trabajo, las dificultades para compartir más tiempo juntos, el sentir que la cosa ya está segura, son algunos de los factores que influyen en la merma de la pasión sexual, que muchas veces se apaga dentro del primer año de matrimonio, con el consiguiente enfriamiento de la relación conyugal.
Mantener el apasionamiento sexual es vital para asegurar una buena convivencia de la pareja y que ésta dure muchos años en buenos términos. Para esto es menester que ambos dialoguen de manera franca y honesta sobre sus gustos y temores sexuales, que se puedan compartir las fantasías, que mantengan un nivel de frecuencia y calidad sexual mutuamente satisfactoria, que sean capaces de innovar, de ser creativos en sus relaciones sexuales y que no permitan que disminuya el deseo por mantenerse activos. Es recomendable que cuiden su arreglo e higiene personal, que preparen adecuadamente el ambiente en el que mantengan relaciones sexuales, que se elogien y motiven por lo que hacen y piensen en la manera de mejorarlo. Para mantener la pasión sexual viva, deben cuidar el cuerpo y la alimentación, hacer ejercicio regularmente y proponerse no dejar pasar la semana sin haber disfrutado de su mutua compañía en la cama.
La pasión sexual es algo que surge al inicio de las relacione sexuales, pero que si no se mantiene viva puede morir de inanición. También es algo que puede recuperarse si se ha perdido por algún descuido, por apatía, indiferencia o aburrimiento debido a la rutina cotidiana. Cuando la pareja continua amándose, es más factible que la pasión se mantenga viva, aunque en algunos casos, ciertas parejas suelen cambiar el apasionamiento sexual por lo que llaman enamoramiento espiritual y se conforman con compartir los gastos de la casa y la crianza de los hijos. Si la pareja anhela aquellos años de apasionamiento sexual, es posible recuperarlos si se lo proponen ambos. Para ello deben recordar lo que hacían y el gusto que experimentaban al hacerlo. Aunque hayan pasado los años, cualquier pareja puede recuperar la pasión por el sexo y vivir con mayor placer y agrado la relación. Lo más seguro es que ya no sean tan enjundiosos en el sexo, que las fuerzas no les permitan las peripecias de la juventud, pero si rescatan la pasión sexual, podrán experimentar un rejuvenecimiento que les motivará a esforzarse por practicar más y mejor su sexualidad.
El apasionamiento sexual es una parte importante de la vida conyugal y como tal debería mantenerse activo, es la chispa que ayuda a que la pareja se mantenga unida a pesar de las adversidades. La pasión sexual sirve de elemento adhesivo y cohesivo para la unión de la pareja, así como para garantizar su permanencia. Las parejas que mantienen viva la pasión sexual corren menos riesgos de sufrir el dolor de la infidelidad, pues no necesitan recurrir al engaño para disfrutar de su sexualidad. Se mantienen más vitales, más sanas, más contentas, se sienten más realizadas y disfrutan más y mejor de su mutua compañía, pues se sienten socios en la búsqueda y mantenimiento de su pasión sexual.
Quienes viven el sexo de manera apasionada, sin importar los años que lleven juntos, son personas más plenas, más satisfechas y que pueden dirimir mejor sus diferencias en los otros ámbitos de su relación conyugal. También les trasmiten a sus hijos el amor y pasión por la vida. Son más creativas y productivas y más comprometidas con el cuidado de su medio ambiente. La sexualidad apasionada retroalimenta su libido y los mantiene comprometidos con la preservación de la vida. Ojala hubiera cada vez más gente apasionada por el sexo y que viviera su sexualidad con más pasión, habría menos agresión.